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CRÓNICAS: Cebrián & Gómez Milián & Diego Stabilito. Moliner 7, 21/5/23. Por Alejandro Elías

“Seguimos vivos, poseemos la juventud y la belleza y somos plenamente conscientes”. Con estas palabras resumía en redes sociales Diego Stabilito su concierto del pasado domingo en el Moliner 7, ejecutado a tres voces junto a Luis Cebrián y el poeta Octavio Gómez Milián. Lo profundo de la frase, lo fundamental, es que es absolutamente verdad. Están vivos los tres y está vivo todo lo que ellos representaron y representan todavía. El arte, la música, la poesía, el amor. Esa era nuestra vida durante la década de los 2000s, esa década tan rara que nadie jamás supo nombrar. Pero fue la que nos tocó, la que vivimos y exprimimos, como una bayeta que no da más de sí pero la estrujas una vez más con el fin de que vuelva a secar y limpiar. Así vivimos y así lo recordaremos siempre, sabiendo que todavía quedan destellos de aquellos tiempos, como los del concierto que aquí detallamos. Abrió Stabilito con su ya famoso “Carnaval funeral”, una canción que fue coreada por el público y que fue sólo superada por “Dos Españas”, quizá la mejor letra que Diego ha escrito nunca. Ironía sí, pero también imágenes evocadoras escupidas con la rabia de Nacho Vegas o el Bunbury de “El viaje a ninguna parte”. Se unió el rapsoda y juntos rindieron tributo a uno de los maestros, Leonard Cohen, con “So long, Marian”. Continuó Gómez Milián haciendo gala del mejor repertorio de spoken word que jamás se haya oído a este lado del Ebro; sus poemas se sucedían eléctricos aunque su acompañamiento fuera acústico: la electricidad no depende del instrumento, está claro. Como un Bruno Galindo desatado cuando presentaba el libro sobre Panero por los escenarios de medio mundo, Octavio graznaba palabra tras palabra como poseído, como en trance. Aunque el reloj marcara las 13 horas, todo sonaba lisérgico y libertino en boca del poeta aragonés más laureado de nuestra generación. Poemas fronterizos, pareciera que instalados en un punto entre el desierto de “Paris, Texas” y el muro de Berlín a punto de ser derruido. Así sonaron “Cloe”, “Préstamos” o “Negro”, con Luis Cebrián ya subido al escenario y acompañando a su partenaire con unos acordes imposibles y unos arreglos exquisitos. Nunca dejará de sorprendernos el señor Cebrián, que está vez lo logró como guitarrista rítmico. Una vez se quedó solo sobre las tablas, Luis nos partió el corazón con la frase “la dejé queriéndola” que utilizó para presentar “Gracias por todo”, el primero de los tres temas propios que interpretó durante el concierto y que sorprendieron por su calidad y calidez. Para terminar, se unió con Stabilito para cantar “Adelante, Bonaparte” de Standstill, una de sus más comunes influencias. Y como colofón final, se unieron las tres voces para llevar a cabo la vibrante conclusión del show con los poemas “Cajas” y “Puerto Hurraco” y ese “Bebeto” que nos transportó directos al Groenlandia y a unos años en los que esperar al hombre adecuado no traía consecuencia alguna -ni física ni mental- y en los que la vida transcurría en un permanente cabalgar en el que no se vislumbraba el camino sino una meta que luego resultó inalcanzable.

Texto: Alejandro Elías

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