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El Bosque Sonoro
El Bosque Sonoro. 20240607 EBS 03 Luz Casal - Luis Lorente

CRÓNICAS: El Bosque Sonoro. Mozota, Zaragoza, 7-8/6/2024. Por Beatriz L.

El Bosque Sonoro ha sido una experiencia singular que quedará inscrita para siempre en la memoria colectiva de esa abstracción que es la cultura de los territorios de Aragón. Nació ante una realidad que se hizo evidente durante lo más crudo de la pandemia y es que, en momentos verdaderamente difíciles, la cultura también “nos salva”. Y no nació de la nada: vino de la mano (y de la imaginación) de unos inquietos vecinos del pueblo zaragozano de Mozota, con recorrido previo en el mundo de la música en directo y muchas ganas de generar una alternativa posible y segura en aquel mes de septiembre de 2020.

El enclave es muy especial, un claro en la arboleda del pueblo, un bosque de ribera cercano al río Huerva, formado principalmente por olmos y chopos. Allí se ha llevado a cabo la actividad principal de este proyecto, con la sostenibilidad ambiental y el cuidado del entorno como otra de sus señas de identidad. Nos contaron la semana pasada, que esta iba a ser la última edición en el emplazamiento actual. Esa noticia añadió emoción y excepcionalidad a la cita, que esperábamos con alegría.

El viernes disfrutamos al caer la tarde de la dulzura pop de Tulsa y su último disco Amadora, toda una declaración de intenciones que sirvió como aperitivo al concierto de Luz Casal. Luz tiene trayectoria y oficio suficiente como para hacer lo que quiera sobre el escenario, junto a su banda de lujo. De manera natural desprendió esa elegancia suya tan particular, que fue transitando por distintos lugares sonoros, a la vez que cambiaba de vestido, como quien cambia de piel, transportándonos a otros momentos vitales con temas esenciales en su discografía como Un nuevo día brillará, Loca, Te dejé marchar, Rufino, y esa inolvidable versión del bolero de Agustín Lara Piensa en mí, que sonó en la almodovariana cinta Tacones Lejanos, de 1991. Tras este recital tan amable como rockero llegó ese huracán fiestero y revolvedor que es Rodrigo Cuevas, con su apología de las romerías, la cultura popular, la innovación, el pasarlo bien, algunas causas -en esta ocasión defendió la de los 6 de Zaragoza, con cuatro de ellos lamentablemente en prisión-, el territorio, la diversidad y el arte, que tiene mucho. Arma un espectáculo más que interesante, en el que cada elemento que añade es otra vuelta de tuerca a la calidad. Vino acompañado de sus músicos habituales (¡qué coros, los de Mapi Quintana!) y de un par de bailarines, Paula y Pablo, que nos deslumbraron en sus coreografías con y sin Rodrigo. Quien no lo haya visto, que no pierda la oportunidad. Canela en rama.

El sábado pudimos disfrutar de otra especie de liturgia que también es pura revolución: el directo de Rocío Márquez y Bronquio. Rocío es doctora cum laude por la Universidad de Sevilla con su tesis sobre “Técnica Vocal en el flamenco”, técnica que no solo estudia, sino que domina a unos niveles que ponen la piel de gallina. En su particular engranaje con la electrónica que factura Bronquio, crean atmósferas realmente oníricas sobre una base tecno, entre el flamenco y algo así como el post punk. Imprescindibles en esta era. Dieron paso a Depedro y su banda, que nos hicieron bailar y disfrutar con canciones de su último disco, Un lugar perfecto, y temas anteriores que mezclan ritmos populares latinos con raíces africanas más profundas, que forman parte de su acervo cultural. Bellísima su interpretación de La llorona. Con él, la música venció a la lluvia. Y por último llegó el tiempo de El Kanka y esas Cosas de los vivientes, que vino a cerrar con sus cosillas y su pachanga bailonga otra noche de música en directo en el bosque.

Durante viernes y sábado, antes y después de los conciertos, hubo distintos Djs poniendo a bailar a los animalillos ávidos de festejo que hasta allí se acercaron: Lord Sassafras, Zinintendo, Pendejo, Rialto & Héctor de la Puente Vj  y El Bosque Sonoro.

Y el domingo, como ya sabéis de sobra, no pudo ser. Hay cosas que -por fortuna, no creáis- todavía escapan a lo humanamente posible y, en esta ocasión, esto no jugó a nuestro favor: unas lluvias torrenciales dejaron este espacio natural impracticable. Con esta situación sobrevenida, el maravilloso cierre de ciclo que anhelábamos, con Amaral y compañía, ha quedado en ese territorio del deseo inalcanzable. O al menos de momento.

Pero los habitantes autóctonos de ese bosque son tenaces y decididos… y nadie sabe hacia dónde dirigirán su energía. El Bosque Sonoro es mucho más que un festival. Me atrevería a decir que es un proyecto que habla de soberanía rural y que abarca los ámbitos cultural, laboral, medioambiental y educativo, tratando de vertebrar pedazos de esta vasta tierra aragonesa con otras formas de ser y estar en los entornos poco poblados.

Prestaremos atención a sus noticias… pues aventuras como la que un día imaginaron estos chicos se perciben, en estos tiempos, cargadas de sentido. Muchas gracias por tanta creatividad, valientes animalicos.

Beatriz L. / Fotos Luis Lorente / Día 7 / Día 8 / Noticias relacionadas

 

 

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