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Robe 20240615 - Luis Lorente - 04
20240615 Robe - Pabellón Príncipe Felipe, Zaragoza. Foto, Luis Lorente - 04

CRÓNICAS: Robe. Pabellón Príncipe Felipe, Zaragoza, 15/6/2024. Por Beatriz L.

El sábado Robe y su banda actuaron en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza para unos cuantos miles de almas que nos reunimos ante su llamada a la oración. Da mucho gusto ser testigo de la evolución de este músico de Plasencia, sobre todo porque tanto él como sus canciones (y sobre todo las de Extremoduro, alguna de las que tocaron con más de 30 años sobre las tablas, como es el caso de Tu corazón o ese final de liturgia vibrante y atemporal que es Ama, ama, ama y ensancha el alma) envejecen como lo hacen los buenos vinos, en barrica de madera noble.

No sé si es solo cuestión de (mi) amor, pero me continúa pareciendo la propuesta de rock más inspiradora y audaz que sigue ofreciendo su directo sin fisuras por esta dura Iberia. No necesitan de mucho artificio para llegar al corazón. Eso sí, en el escenario hay unos cuantos músicos con formación clásica, que unidos a la potencia arrolladora de ese rock transgresivo que se forjó en Extremoduro, no paran de moverse hasta lugares sonoros muy bien redondeados, con aderezos que llevan al éxtasis gracias al violín, saxo, clarinete, a algunos solos de piano o batería que penetran en la entraña y a la voz que Lorenzo González clava directamente en el centro del pecho de quien se atreve a abrirse en canal a la experiencia.

Robe es también poeta, o escribe poesía, o hace lo que quizás sea más importante: practicarla. Y eso se nota en las letras y en algunas intros, propias o ajenas, a las canciones, como ese sentido Ideario, de Francisco M. Ortega Palomares, con el que se adentra en Stand By. Su sola presencia escénica, aparentemente austera, emana un estar en el mundo decidido, comprometido con el tiempo por el que se desliza y también hasta los huevos de lo que hay. Pero es el suyo un hartazgo lleno de dignidad. A ratos se rebela Contra todos y otros se posiciona muy a favor de los signos más sensibles de nuestra humanidad. Nada de eso parece contradictorio sino más bien un síntoma inequívoco de pisar suelo.

Se acompaña de Álvaro Rodríguez (teclados, piano), Carlitos Pérez (violín), Woody Amores (guitarra), David Lerman (bajo, saxofón, clarinete), Alber Fuentes (batería) y Lorenzo González (voces y guitarra en algún momento puntual), un combo que rueda en perfecta sincronía, armando texturas sonoras desde la delicadeza de temas como Puntos suspensivos o esa delicia que es el Cuarto movimiento: La realidad, del increíble álbum que grabó con Extremoduro: La ley innata… hasta la electricidad llena de fuerza de la reciente Haz que tiemble el suelo.

Transitaron más de dos horas de concierto dividido en dos partes, la primera con cierto espacio para la reflexión, en un recorrido algo introspectivo que tuvo en Destrozares su punto de partida. Salieron a por todas en el segundo tiempo, con un solo de batería que fue el preludio de una descarga de latigazos, prácticamente sin tregua, en la que trallazo a trallazo acabaron de engarzar las canciones que quedaban del nuevo disco. Lo presentaron prácticamente entero (solo faltó Ininteligible) y sonó vigoroso y con una fuerza que sobrepasa claramente a la grabación, siendo muy celebrado por el público, en buena parte muy joven: hay esperanza. Lo entrelazaron con temas anteriores como Poema sobrecogido o ese desarrollo de algunos movimientos del disco anterior, Mayéutica, y su Coda Feliz (y extendida) que nos deja siempre al borde del delirio. Quiso llegar al final en apoteosis colectiva por La vereda de la puerta de atrás. Y volvió a los bises un poco como empezó, con la humildad de quien sabe que está aquí para caer y volver a caer y con un poco de suerte poder volver a levantarse para librar una batalla, de alguna manera, perdida de antemano: Nada que perder. Esa certeza también es la poesía.

Somos levedad, pero por suerte tenemos algunos parapetos como las palabras, la actitud y el amor, ese algo que nos aproxima. Gracias Robe, por tanta compañía en este viaje hermoso, aunque a veces cueste rescatar el brillo entre tanta mierda. Te alabamos, señor.

Beatriz L. / Fotos Luis Lorente / Ver álbum completo

 

 

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