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Estrella Morente + La Leyenda del Tiempo. Pirineos Sur 2024. Foto, Jaime Oriz
Estrella Morente + La Leyenda del Tiempo. Pirineos Sur 2024. Foto, Jaime Oriz

CRÓNICAS: Estrella Morente + La Leyenda del Tiempo – «Camarón». Pirineos Sur, 4/7/2024. Por Beatriz L.

Comenzó la edición de este año de Pirineos Sur con dos recitales de artistas que forman parte de dos de los linajes que han hecho más universal el flamenco, tanto por su calidad como por su capacidad transformadora. No creo que sea fácil, a nivel artístico, haber sido precedido por leyendas más allá del duende, como las de Camarón de la Isla y Enrique Morente.

Vinieron sus descendientes a honrarles sobre las aguas del pantano de Lanuza en una noche amable por esas latitudes para un público muy limitado en número, pero no en expectativas.

Estrella Morente lleva ya muchos años sobre el escenario dedicada a la copla y al flamenco. Vino acompañada de los suyos: Pepe Montoyita y José Carbonell, El Monty, a las guitarras, las palmas y coros de Remedios Heredia y Antonio Carbonell y las percusiones de Pedro Gabarre, El Popo, y Curro Conde Morente, su hijo.

Con las bombas que tiran fue su apertura, seguida de un par de temas que sirvieron para ir entrando en materia y encauzar el sonido, que al principio no era del todo claro. Ya en La habanera imposible, de Carlos Cano, se empezó a lucir la voz de Estrella, que se quedó sola en el escenario con el maestro Montoyita a interpretar la preciosa Malagueña de la Libertad, de su último disco, Leo. Continuaron los dos con la Taranta Primitiva y Cartagenera de Enrique Morente, con letra de Federico García Lorca, para después dejar solo al guitarrista. Estrella volvió, arropada de nuevo por todo el cuadro, por tangos, con ese Estrella que compuso su padre en 1977, donde se pudo apreciar con claridad una tesitura en la voz un poco más rasgada y profunda que va apareciendo con los años.  Se paseó por la elegancia de Amor de mis amores, también de su último disco, para pasar por ese bolero precioso de Dolores Durán que hizo suyo Chavela Vargas que es La noche de mi amor. En lo alto del cerro (de los Pirineos) sirvió de continuación para concluir con el precioso tango Volver, de Carlos Gardel, que inmortalizó en la banda sonora de la película de Almodóvar.

Estrella Morente atesora recuerdos gloriosos de este festival, como fue la increíble noche del imprescindible Omega que nos dejó de legado su padre, Enrique, con Lagartija Nick. Qué suerte.

Una se imagina a Camarón comiéndose los escenarios, pero sabedora de su timidez entiende algo del desenvolverse de sus hijos. No vinieron a imitarle, por la gran dificultad, como Gema quiso precisar, sino a homenajearle, desde el amor a su figura de padre, en una fecha muy cercana al aniversario de su muerte, el 2 de julio de 1992.

Con el fondo de una foto y un texto hermoso y conmovedor de José Monje Cruz, se fueron sumando a los tres hermanos Monje -Luis, Rocío y Gema- una serie de músicos de probada trayectoria, con Jorge Pardo como maestro de ceremonias o flautista de Hamelin al que seguían  todos: Carlos Benavent al bajo, Tino di Geraldo a la batería, el propio Jorge a la flauta y el saxo, Carlos Llave a la guitarra eléctrica, Robert Chacón al teclado, John El Canelo a la guitarra junto con Luis de Camarón y Marotito a la percusión.

El sonido del combo funcionando al completo tampoco acababa de ser fino del todo, pese a intuirse paisajes sonoros de una complejidad en combinación y arreglos inusuales. Se lanzaron con La leyenda del tiempo nada más subir al escenario, dejando claro a lo que venían. Y ya desde la segunda canción, se incorporó Pedro el Granaíno, ese cantaor laíno y áspero a un tiempo que nos dejó sin respiración. Se fue desplegando sobre textos de Lorca como Romance de la Luna o Nana del caballo grande, solo acompañado de las tres guitarras y el teclado. Continuó en lo profundo con unas seguiriyas magnificas a la guitarra, ahora flamenca, de Carlos Llave. Como el agua sonó a fiesta, por momentos algo distorsionada, con todos en el escenario de nuevo.  Vino después un solo de Jorge Pardo a la flauta, en el que el efecto de su propia respiración resonó prácticamente metiéndonos dentro, incluso hasta el exceso de amplificación por instantes. Durante la bulería Pistola y Cuchillo se palpó cierta emoción en el propio Luis mirando a sus hermanas disfrutar en el escenario, para pasar a un momento instrumental en el que nos habría gustado poder degustar mejor los punteos a las cuerdas del bajo de Carlos Benavent. Poque cuando el flamenco se entreteje con el jazz se alcanzan momentos arrebatados de experimentación sobre la propia experimentación que ya dejó hecha Camarón.

Finalizó la fiesta con el himno Soy gitano, una declaración de amor racial, a la cultura, el arte y un modo de ser “de rompe y rasga”, que terminó en juerga del elenco de artistas al completo.

Una se queda con la sensación de que el proyecto es hermoso y cuenta con mimbres para construir un espectáculo sublime, que irá ganando sabor si se rueda por las plazas. Y también con las ganas de que el flamenco no deje de desarrollarse sin olvidar la pureza que tiene en su propia desnudez: una belleza salvaje, atávica y profunda muy difícil de experimentar en otras músicas.

Gracias, Camarón. Gracias, Enrique Morente.

Gracias siempre, maestros.

Beatriz L.  / Programación Pirineos Sur 2024

Estrella Morente + La Leyenda del Tiempo. Pirineos Sur 2024. Foto, Jaime Oriz
Estrella Morente + La Leyenda del Tiempo. Pirineos Sur 2024. Foto, Jaime Oriz

 

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