Celtas Cortos el 9 de octubre de 2018 en el Espacio ZITY. Foto, Ángel Burbano
Celtas Cortos el 9 de octubre de 2018 en el Espacio ZITY. Foto, Ángel Burbano para Aragón Musical

CRÓNICAS: Celtas Cortos. Sala Multiusos, Zaragoza 27/2/26. Por Beatriz L.

Fumar tabaco sin filtro es ahora una rareza, pero en los años ochenta del siglo pasado eran los cigarros del pueblo, al alcance de todos y todas, pero tan ásperos como la recién empezada democracia. Aquellos “sin boquilla” son uno entre tantos símbolos de una época llena de movidas con más y menos glamour. De aquellos Celtas Cortos que también fumaba Nacho Castro, el batería del grupo en el momento de su fundación, tomaron el nombre estos chicos de Pucela que se encuentran inmersos en una gira para celebrar sus cuatro décadas de cuentos, música y reivindicación. El pasado viernes congregaron en la sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza a varios miles de amigos que los acompañan desde lejos, en el espacio y el tiempo.

Quisieron abrir fuego con El túnel de las delicias del primer disco que grabaron en formato instrumental, Salida de emergencia. En esa línea sonaron también, aquí y allá en el recital, Riaño vivo y El pelotazo, lanzados desde su máquina engrasada de sonidos folk que en el imaginario colectivo difuminan las fronteras con la tradición irlandesa y bretona. En su coctelera de ritmos mezclan también rock, ska, reggae y aderezos latinos que combinaron con maestría sobre el telón de fondo de unas visuales muy bien engarzadas para acentuar el mensaje de cada canción.

Fue una suerte inesperada reencontrar a la banda en directo mucho tiempo después y es que, con diez músicos sobre la tarima la mayor parte del tiempo, sonó realmente espectacular. Los responsables “acusados de” perpetrar esta gozosa conjunción sonora fueron José Luis Sendino a la guitarra eléctrica, Diego Martín a la batería, Chuchi Marcos al bajo, Antón Davila a las gaitas y flautas, Jesús Bravo a los teclados y el acordeón, Álvaro Zarzuela al trombón y las trompetas, Carlos Soto a las flautas y saxos, Goyo Yeves a los saxos y whistles, Jesús Hernández Cifuentes (Cifu) a la voz y guitarras y Alberto García, al violín y al trombón.

En el devenir del grupo, cuya composición ha ido variando a lo largo del tiempo, cada vez fueron tomando más importancia las letras cargadas de compromiso del carismático Cifu. Nunca se mantuvieron al margen de lo que sucede en el mundo, conscientes del poder que tiene la música como altavoz para la crítica y también la solidaridad y la esperanza. Cifu lució el viernes una camiseta blanca de mangas recortadas con un contundente Fuck ICE escrito en negro y rojo. A lo largo del recital se sucedieron las alusiones a conflictos sangrantes que alcanzan incluso un punto más retorcido de impunidad en este futuro de aquel pasado. De hecho, al día siguiente nos despertamos con otro desastre humanitario abierto con el ataque ilegal de Israel y EUA contra Irán. No hay tregua a la sinrazón.

Es terrible la actualidad con la que suenan ¿Qué voy a hacer yo?, Haz turismo, Legión de mudos, Adiós, presidente (dedicado a Donald Trump y su primera salida de la Casa Blanca), Skaparate nacional o El emigrante, que a estos oídos llegó como un auténtico cañonazo, subrayado con la vehemencia de los fraseos de un certero Sharif al que invitaron al escenario. Justo antes habían subido también Los descacharrantes Gandules, que acompañaron con simpatía esa fábula disfrutona que es Cuéntame un cuento.

Entre sus himnos, hay también espacio para la alegría como en El ritmo del mar, el amor y la necesidad afectiva de Cálida trinchera, Silencio o la preciosa balada Un millón de motivos, el optimismo esperanzado de Retales de una vida y Mañana sale el sol o la fértil melancolía de aquel 20 de abril que tanto ha significado a varias generaciones.

Más allá de lo musical, los Celtas Cortos tienen una gran relación de amistad con esta tierra, principalmente con personas relacionadas con ese precioso rincón del Pirineo oscense que es Canfranc, lugar de conexión de tantas historias y gentes de uno y otro lado, que también andaban de reencuentro entre el público. Con los bises, como no podía ser de otra manera, se sumaron a la fiesta Ixo Rai! dispuestos a mezclarse con los pucelanos con dos balazos atemporales y necesarios como son Jódete y baila! de los aragoneses y Tranquilo majete, cuyos textos no han perdido ni un ápice de vigencia. Devolvieron a la memoria el concierto con el que se reivindicó la reapertura de la línea ferroviaria Canfranc – Oloron aquella fría tarde de julio de 1996 en el polideportivo de la localidad del valle del río Aragón. José Antonio Labordeta, Ixo Rai! y los Celtas Cortos pusieron la banda sonora y la rasmia a aquel acto repleto de entusiasmo cuyo recuerdo personalmente me emocionó especialmente, pues fui una entre tantos que llegamos allí en el “canfranero” para participar junto a amigos como Begoña, Jorge y su mítica mochila con reservas de muesli y absenta, porque nunca se sabe… ¡Cuánta juventud!

Tras el jolgorio compartido, volvieron a quedarse solos para finalizar con la reflexión introspectiva que es La senda del tiempo y se despidieron con una última declaración de intenciones: No nos podrán parar. Ojalá. Menos mal que tenemos parapetos como la música en directo. Gracias a los Celtas Cortos por tanta compañía.

Texto: Beatriz L. 

Apoyo con tu aportación a este portal de noticias .

Te podría interesar

Los Planetas. 11/7/26 Pirineos Sur 2026. Foto, Jaime Oriz

CRÓNICAS: Los Planetas + Christina Rosenvinge. Pirineos Sur, 11/7/26. Por Álex Garber

Me cuesta abrir esta crónica; hay veces que es difícil encontrar las palabras, los adjetivos …