Todos sabemos ya, a estas alturas, que Zaragoza es una ciudad de contrastes. De blancos o negros. De sí o no. De calor extremo o frío gélido. De brisa suave o de crudo cierzo. De ríos caudalosos o desierto interminable. También en lo cultural, por supuesto, la ciudad del Ebro ha sido y es una ciudad extrema: o todo o nada. ¿Saben ustedes que hubo en Zaragoza una zona conocida en toda España llamada “la Zona Heavy”? ¿Saben que peregrinaban hasta allí gentes de toda la península seguidores de ese estilo de música? ¿Que todos los fines de semana se llenaba hasta los topes durante los 80, 90 y 2000? De todo aquello, de los diez o quince bares que formaban ese oasis musical al lado de la sagrada Universidad de Zaragoza, solo quedan ahora dos: el inmortal Infierno’s y el Utopía. Tan monumentales ambos como el Café Levante, La Romareda, La Seo o El Pilar; sí, deberían ser algunos bares patrimonio ciudadano de obligada conservación. El Utopía -abierto en 1981- sigue programando conciertos incansablemente y el pasado sábado acudimos a ver a Prekator, banda zaragozana de reciente creación. Abrieron el show con “Generación perdida” y “Despierta”, ambas composiciones propias y que dejan entrever su querencia explícita por el hard rock y el heavy de finales del siglo pasado. Pronto llegó la primera versión de la noche y Prekator se atrevieron con “The kids aren’t alright” de Offspring, dejando a más de uno con la boca abierta pues no es una banda que se le presupusiera como influencia directa de los maños. Con “Cuarto poder” comenzaron a pisar el acelerador y resonaron en la sala ecos de Iron Maiden, Slipknot o Megadeth. Pero fue con “La extenuación” y “Aquelarre” cuando apareció The Cult en el imaginario del grupo, y Óscar Cabello nos emuló a Ian Astbury desde las tablas del Utopía. “Todos mirando” de Barricada y “Ama, ama, ama y ensancha el alma” de Extremoduro fueron dos de las acertadas covers que sonaron y encendieron aún más a un público que ya estaba entregado desde el comienzo del concierto. Tras la propia “Miedos nocturnos” dieron paso a “No puedo dejar el rock” de Los Suaves, que cerró una noche negra, una misa pagana, una celebración oscura a la que Prekator nos convocó en una fría velada de marzo que -esperemos- sea la primera de muchas más para este prometedor cuarteto de rock.
Texto: Alejandro Elías Foto, Vizenzo
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