Pablo Navarro
Pablo Navarro

ENTREVISTA: Pablo Navarro, violinista aragonés. Por Sara A.

Pablo Navarro, natural de Zaragoza, es un violinista formado en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Tras formar parte de la Orquesta y Coro de RTVE y la orquesta del Teatro Real, Pablo decidió romper con los esquemas establecidos y apostar por el violín eléctrico. Un instrumento que le ha brindado grandes alegrías, como, por ejemplo, fundar su propia Brass Band en 2022.

Comenzaron animando pequeños eventos, pero han logrado colgar el cartel de no hay entradas en escenarios tan emblemáticos como La Sala del Movistar Arena.

Vienes de una formación muy clásica en el violín, ¿En qué momento decides romper con ese camino y apostar por el violín eléctrico?

No rompí con lo clásico, lo elevé. El violín eléctrico no es una traición, es una evolución natural cuando entiendes que la calidad no depende del formato, sino de quién lo sostiene. Al final, no se trata de cambiar de instrumento, sino de ampliar el lenguaje sin perder la raíz.

Has pasado por instituciones tan importantes como la Orquesta y Coro de RTVE o el Teatro Real, ¿Qué aprendizajes te llevas de esa etapa? 

De Orquesta y Coro de RTVE y del Teatro Real me llevo algo que no se compra: criterio. Ahí aprendes que la excelencia no es negociable, que cada detalle cuenta y que el nivel no es una opción, es el punto de partida. Y cuando sales fuera, esa exigencia se convierte en tu identidad.

El salto del violín clásico al eléctrico no es tan habitual, ¿Qué te atrajo de este instrumento y qué te permite expresar que antes no podías? 

El violín eléctrico no viene a competir con el clásico, viene a expandirlo. Me permite decir lo mismo… pero más alto, más lejos y con más impacto. La emoción sigue siendo la misma, pero ahora puedo jugar con la energía, con el espacio, con el público. Ya no solo se escucha: se siente.

Fundaste tu propia Brass Band en 2022, ¿Cómo surgió la idea y qué visión tenías al empezar?

La Brass Band nace de una idea muy simple: rodearme de músicos que no entienden de límites. Ocho músicos, cero etiquetas y una obsesión compartida por la calidad. Desde el principio tenía claro que no queríamos encajar, queríamos proponer. No hacemos versiones: construimos experiencias que el público recuerda.

Empezasteis tocando en eventos pequeños y habéis acabado llenando salas como el Movistar Arena, ¿Cómo has vivido ese crecimiento tan rápido? 

No ha sido un crecimiento rápido, ha sido inevitable. Cuando haces algo con verdad, con nivel y con una dirección clara, el público responde. Llenar el Movistar Arena no es una meta, es una consecuencia de haber hecho bien el camino, paso a paso, sin atajos.

¿Crees que el público está cada vez más abierto a propuestas que mezclan lo clásico con lo contemporáneo? 

El público no es el problema, nunca lo ha sido. El público es curioso, exigente y sabe reconocer la calidad aunque cambie el envoltorio. Cuando mezclas lo clásico con lo contemporáneo sin rebajar el nivel, la conexión es inmediata y, sobre todo, honesta.

En tu opinión, ¿Cómo están evolucionando las tendencias musicales en España en los últimos años? 

En España están pasando cosas muy interesantes, hay una apertura real a mezclar estilos y a romper estructuras. Pero la clave no es hacer cosas nuevas, es hacerlas bien. Innovar sin calidad es ruido. Innovar con criterio y profundidad es lo que realmente construye algo que perdura.

¿Qué papel crees que tienen los artistas jóvenes en la renovación de la música clásica? 


Los artistas jóvenes no están para competir con la tradición, están para estar a su altura. Y eso exige respeto, formación y una personalidad clara. Si lo consiguen, entonces la música clásica no se renueva: se proyecta hacia el futuro con más fuerza.

Después de haber vivido tanto dentro como fuera del circuito clásico, ¿Qué diferencias has notado en la forma de trabajar y de conectar con el público? 

Dentro del circuito clásico te enseñan cómo se hacen las cosas perfectas, con una precisión casi quirúrgica. Fuera, decides por qué las haces, cuál es tu mensaje y cómo lo quieres contar. Y ahí es donde realmente conectas con el público: cuando dejas de interpretar y empiezas a comunicar.

A nivel creativo, ¿Cómo equilibras el respeto por lo clásico con la necesidad de innovar? 

No compito con nadie. La música no es una carrera, es un discurso. Mi única responsabilidad es que cada vez que alguien me escuche, sienta que hay verdad, nivel y una identidad reconocible. El respeto por lo clásico está en la base; la innovación, en la intención. Lo demás… es ruido.

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