El pasado sábado, 20 de diciembre, tuvo lugar en el zaragozano Pabellón Príncipe Felipe el concierto que clausuraba la gira del 33 aniversario de trayectoria musical de Kase.O. Esa noche quedó escrita, con letras de oro, en el libro imaginario de los grandes directos de los artistas más relevantes con raíces en esta tierra que es Aragón, ¡co!
Con un pabellón lleno hasta la bandera y absolutamente entregado, se fue desplegando esta celebración larga que, sin embargo, dejó en el aire el deseo de más. Una, que tampoco es experta en hip hop, supo desde las primeras visuales del recorrido musical de Javier Ibarra sobre las frases de Un gran plan que allí se iba a vivir una eucaristía explosiva, sostenida a sangre y fuego por las bases certeras de R de Rumba y ampliada con las palabras que este MC y sus amigos han lanzado, lanzan y lanzarán, en la combinación que sea, al cierzo de esta ciudad, para que su mensaje se expanda y se multiplique: de La Jota al mundo.
El recital se armó en cuatro tiempos altamente emocionales. (Nota más o menos al margen: particularmente no me ha resultado fácil componerlos, pues el lugar elegido para ubicar a quienes escribimos no permitía una audición de calidad suficiente. No debe ser fácil gestionar tal cantidad de público, pero me siento en la obligación de, al menos, anotarlo, pues rebajó algo el input. En cualquier caso, nada que ver con los artistas).
La primera parte nos devolvió, sin tregua, un número generoso de trallazos -principalmente- de Violadores del Verso, para lo que Kase. O se acompañó de Fran Fuethefirst y Hazhe, que entraron y salieron del escenario según la ocasión, y de unas visuales que catalizaban las rimas para hacerlas llegar en mayor profundidad. Nada ligero pero todo luminoso a la vez, pues las letras de las canciones tiran a dar con un punto de lucidez que llega al escozor.
Salpimentó las canciones con mensajes de agradecimiento del rapero a su familia, con un reconocimiento especial a sus padres, José Luis y María Jesús, que estaban entre el público y que “nunca le cortaron las alas”, también a su legión de seguidores venidos al cincuenta por ciento de fuera de la ciudad, recordatorios para honrar a quienes nos precedieron, palabras amables para su mujer y la recomendación de dejar las pantallas y consumir vida real. Javier es un tipo así de cercano.
Tras un pequeño descanso, abordó la segunda parte con R de Rumba y esa Intro de El Círculo, para pasar a interpretar varios temas con El Momo, como la crítica y contundente Esto no para (mención a los 6 de Zaragoza) y Bacalao. Tras Como el sol 2011 salieron al escenario también Sho-Hai y Xhelazz, que llevaron al público al borde de la explosión con Viejos ciegos y Te pone bien. Se quedó de nuevo solo Javier para recitar Mitad y mitad y llegar, recogiéndose un poco, a la poderosa Repartiendo arte.
Albert Pla no dejó de acudir al festejo de su amigo, con el que afrontó el primer bis de la noche cantando Todo me va bien, en íntima compañía de los casi nueve mil feligreses, que se dice pronto. Y de ahí, volvió la fiesta del molón tema Ringui Dingui con Zatu, de SFDK, que tampoco se quiso perder la cita. Desde ahí, dio un salto a la vacilona Tiranosaurius Rex [Te pierdes lo bueno buscando el error] y a algunas estrofas muy coreadas de Mazas y Catapultas o Soy de Aragón, que aderezó con un recuerdo cargado de emotividad para José Antonio Labordeta y Joaquín Carbonell (con quien le quedó, dijo, un proyecto pendiente junto a Guitarricadelafuente). Otros de los nuestros.
La catarsis final llegó en forma de la reunión sobre el escenario de los Violadores del Verso al completo, con R de Rumba, Kase.O, Sho-Hai y Lírico que cerraron el círculo con vehemencia, a través de Máximo exponente y Vivir para contarlo [Dame un ritmo cuando falte emoción – volvemos a contarlo con la misma pasión – hemos reservado la mejor colección – de delirios que quisieron convertirse en canción]. Sublime.
Pero no lo acabaron de cerrar del todo, pues faltaban un par de momentos de especial luz: el primero de ellos -y último tema que sonó de este rapsoda- fue Outro, de la mano con su hija, con la que nos dejó un pedazo de amor rotundo hecho canción [Cuanto más amor das, mejor estás], y con todos los amigos que habían participado en esta gran liturgia encima del escenario, acompañándolos. Y como coda final y guiño póstumo, sonó el Jesucristo García de Extremoduro, sobre la que definitivamente nos dijeron adiós en otro instante de gran sensibilidad para muchos y muchas de nosotros.
Es una gran responsabilidad saberse gurú de esta extraña religión que es el hip hop y que busca explicar las cosas y curar heridas a través de la rima, de los textos largos como escupidos hacia arriba. Seguimos necesitando referentes que practiquen dignidad, como la de los eternos chavales de barrio obrero, el amor a cascoporro y la fuerza de despertar cada mañana con el objetivo cierto de no perder la alegría. Gracias por todo eso
Texto: Beatriz L. / Fotos, Luis Lorente / Ver álbum completo de fotos
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