La Estrella Azul Live. Teatro Principal de Zaragoza, 17226. Foto de Mariano Val para Aragón Musical
La Estrella Azul Live. Teatro Principal de Zaragoza, 17226. Foto de Mariano Val para Aragón Musical

CRÓNICAS: La Estrella Azul Live. Teatro Principal, Zaragoza 17/2/26. Por Beatriz L.

Como comentó Javier Macipe al final del concierto del pasado martes en el Teatro Principal, bien podría imaginarse el recorrido que está realizando La estrella azul, su viaje hasta llegar a esta despedida, como una carrera de relevos en la que el testigo es la llama que prendió en los años 80 el protagonista de todo esto, Mauricio Aznar, y que continúa ardiendo.

La película, dirigida por Javier Macipe y protagonizada por Pepe Lorente, ha tenido su continuación musical en los encuentros que, con el mismo título, han reunido alrededor de estos dos galardonados en los premios Goya a muchos amigos. Esta estrella azul ha supuesto para la música zaragozana y para la cultura de esta tierra un momento glorioso de reconocimiento del artista y su trayectoria, también del poder de las contradicciones, que probablemente quedan bien reflejadas en la figura del que fuera líder de Más Birras y Almagato

Revisitaron veinte temas como veinte soles, la mayoría muy reconocibles por formar parte de la música popular argentina que trascendió a este lado del charco gracias a Mercedes Sosa, Facundo Cabral, Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune, Los Carabajal y tantos otros. Fueron trenzando milongas, zambas y chacareras con diálogos repletos de detalles, chascarrillos y anécdotas de la vida del músico, su viaje por Argentina, la comunidad que encontró en Santiago del Estero y la propia familia de Javier. Ha sido muy largo el camino recorrido por esa película que un día imaginó Inge Müller, la madre de Mauricio, y que de una manera orgánica se ha continuado en recitales cargados de magia. 

El repertorio estuvo lleno de fuerza y de nostalgia, personajes singulares, lucha social, la voz del pueblo, reivindicación y esperanza. La música popular es un buen reflejo del pulso de cada tiempo y, además de la reflexión, vehiculiza esa parte gozosa de juego y baile que es siempre necesaria, pero más necesaria que nunca cuando las cosas no van bien.

Cerraron con brillantez una primera parte quizás más íntima, que había transitado bajo las voces y las guitarras de Pepe y Javier a solas, con la aparición en el escenario de Irene Castro, sobrina de Javier, que cantó la sentida milonga Guitarra, dímelo tú. Dijeron que era su primera vez frente a una audiencia tan amplia y la interpretó de manera notable, acompañada únicamente por su tío. 

Javier y Pepe no son músicos profesionales, pero funcionan francamente bien. Son unos tipos tan majos que con sus voces, las guitarras y un bombo legüero (que se escucha a leguas) fueron capaces de amplificar su simpatía hasta llegar al último rincón del teatro, arrancando risas y lágrimas en proporción equilibrada. 

Se cerró el telón fugazmente para dar paso a una nueva composición en la palestra, sumando a Guille Mata al bajo y Alberto Solobera a la guitarra, que abrió la segunda parte con Gatito del dulce amor, de Almagato. En un momento determinado, el jovencísimo Coro Ixena colmó el espacio de belleza: vestidos de blanco o de tonos ocres, arroparon con sus voces Te voy a contar un sueño, contra las guerras, y Aquel tiempo de mi infancia, a favor de ese tiempo precioso que solo se debería poder vivir en paz. Conmovedor.

Llegó entonces el momento de Jaime González a la guitarra y Jaime Lapeña al violín, componentes de Almagato, el proyecto musical en el que Mauricio se entusiasmó con la música argentina. Interpretaron juntos la maravillosa chacarera Pa´que no baile solita, que compuso Mauricio Aznar. Continuaron dedicando la Chacarera del exilio a todas esas personas migrantes que lo están pasando mal ahora mismo en los EUA, para luego acometer Alma de rezabaile, la chacarera en la que Mauricio aparece bailando al final de la película.

Ya en la recta final de este festejo, subió al escenario un emocionado Gabriel Sopeña que reconoció echar “un poco menos de menos” a Mauricio cada vez que tiene a su lado a Pepe Lorente, que lo trajo de vuelta a través de su interpretación en la película. Es hermoso saber que las historias de vida no terminan con el final físico de las personas. El cuerpo no permanece, pero algo queda conectado con quienes nos acompañan o llegan detrás. Es una suerte de justicia poética que cuando funciona lo hace con precisión de relojería suiza. 

No faltaron Apuesta por el Rock and Roll y Cass (la chica más guapa de la ciudad), desde el corazón de Más Birras. Quisieron despedirse con Los pagos del olvido, una canción cuya letra dejó escrita Mauricio, cual regalo para la eternidad, a la que han puesto música Javier a la guitarra y Pepe al bombo, y sonó bellísima.

Javier y Pepe honran la memoria de Mauricio y brindan con él y con todo aquel que se acerca a participar de esta alegría, ofreciendo una calidez y una ternura que nos hacen mucha falta. Una auténtica celebración del valor de la amistad y del amor constante, más allá de la muerte. Gracias por compartir este periplo por el firmamento de Mauricio Aznar.

Texto: Beatriz L.  / Ver álbum de fotos

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