El fin de semana pasado lo finalizamos en la Sala Galve del Auditorio haciendo una inmersión en el universo singular de Jorge Arribas y Diego Galaz. Entre los dos músicos burgaleses, que iniciaron su andadura como dúo en 2009 tras coincidir en La Musgaña, suman una experiencia extensísima sobre los escenarios. Desde La Cabra Mecánica, en el caso de Diego a Celtas Cortos, en el de Jorge, han pasado por unas cuantas bandas y también han realizado multitud de colaboraciones. Buena prueba de ello son sus dos discos de título Cantables en los que muchos amigos y amigas de los Fetén han puesto la voz. También forman parte de los Fitipaldis y tuvimos la oportunidad de escucharlos a finales del año pasado en el concierto de la gira actual que trajo a Fito & Fitipaldis a la ciudad. Están que no paran, los Fetén Fetén.
Estos chicos no ofrecen un concierto al uso. Como buenos amantes de la música de raíz, su labor va más allá de lo que sería un show clásico. Introducen, de manera natural, un componente reivindicativo a la vez que pedagógico, poniendo en valor la cultura de los territorios y el mestizaje musical que se ha ido produciendo a partir de las distintas tradiciones. También muestran al público su faceta de constructores de instrumentos insólitos. Que la necesidad agudiza el ingenio es una verdad universal y por eso tantas veces partiendo de la escasez de recursos surgen las propuestas más imaginativas que han quedado inscritas en la música popular.
Armaron un recital bien simpático con una serie de temas -todos instrumentales- que empezó con Jorge al acordeón y Diego al violín. Así acometieron el Fox Trot para Maceo, un personaje muy querido en Burgos, para seguir con Vente que hacemos merienda cena, de su primer disco de 2011, y la preciosa Detrás del mar, dedicada a la madre de Diego. A partir de ese momento fueron sacando su artillería de instrumentos curiosos, algunos hechos con huesos, como la huesera y la flauta de El pasodoble huesudo. Utilizaron la gaita de la sierra, hecha con un cuerno de vaca y madera de olivo, que se sigue construyendo en La Cabrera, en la Sierra de Guadarrama, en su interpretación de una pieza tradicional portuguesa. Hubo una Rogativa para pedir agua de Valdestillas (Valladolid) que sonó realmente delicada, gracias a la combinación del sonido de la zanfona con el acordeón. De allí pasaron a la sugerente Jota del Wasabi, para la que invitaron al escenario a Fernando Pérez, que hizo sonar la guitarra hawaiana o Kika Kila de un modo que hizo que la composición brillase en directo, con un sonido a medio camino entre oriente y occidente.
Sonaron cucharas, lata de pimentón, botella de anís, sartén, flautas de materiales tan curiosos como una silla de camping, una pajita o un cepillo y su recogedor. Tampoco faltó su gaita Fetén, confeccionada con una bolsa de aluminio y diversos cachivaches o una curiosidad como el violín Stroh, un gramófono-violín patentado en la Alemania de finales del siglo XIX que sonó magnífico en el chotis Dame una cita. Estrenaron Siega y tormenta, del nuevo disco, que sonó bien bonita o Miña terra no corazón, que hizo las delicias del público y sirvió para recordar que los movimientos migratorios son movimientos cargados de humanidad.
Hubo jotas, rueda de Burgos, charada de Salamanca e introdujeron el serrucho en un par de temas, como en la preciosa Canción para una ola. El serrucho se hace sonar frotando el borde liso con un arco de violín mientras se dobla la hoja con la otra mano, buscando modular el tono. Tiene un sonido como aireado, muy especial. Finalizaron con La pequeña tonkinesa, que es una canción que popularizó en España Marujita Díaz y sirvió también como homenaje a tantas mujeres valientes que dieron “los primeros golpes en la mesa” aunque eso les costase su reputación y su salud. Guiños al 8M en el 8M.
En este tiempo salvaje en el que andamos instalados es muy interesante lo que hacen estos chicos. Honrar las tradiciones desde un punto de vista contemporáneo debería servirnos para comprender que las raíces, por muy profundas que sean, nos conectan: todas y todos formamos parte de lo mismo. Es muy probable que en lo que a música se refiere, todos los pueblos del mundo empezasen utilizando huesos para sacar nuevos sonidos. Conectar con el folklore ayuda a comprender con humildad que no venimos de galaxias distintas.
No olvidéis que hay mucha música en las tardes de domingo en la ciudad. La visita de los virtuosos Fetén Fetén fue un lujo para quienes nos acercamos al Auditorio. Gracias.
Texto: Beatriz L. / Fotos, Luis Lorente
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